La copiosa  lluvia me recuerda

tu voz lejana y tibia, verde grama

por donde vaga mi memoria lerda
mientras revive el corazón que ama.

Hay esplendor en mi  locura cuerda,
todo  se pronuncia en  recuerdos

que vibran para que tu imagen no se pierda.

Mi ilusión, vasta promesa
de toda claridad, clara ventura
que a mis edades concurrió en desvelo.

Nada puede perder quien ya profesa
el arte de escapar de la impostura
pues sabe que en tu voz está el consuelo.

Hoy, una gota de sal por la tez rueda,
en la abrupta pendiente en que caímos.
Un adiós sin adiós, rompió la cuerda,
dejando así de ser, lo que ayer fuimos.

Sacrificio, de silencio dolorido,

que nace sin nacer del desatino,
de llamar: “Nuestro”, lo que nunca ha sido.

MINOSKAV

 


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