Esa  era la última tarde  y  el tiempo estaba designando un final que no se esperaría. Siempre te dije que no creía en los presagios, quizá si  hubiera aprendido  más de tu sabiduría popular, comprendería  las señales  que indican el adiós que no se puede aplazar.  Pero siempre dijiste que era más activa tu lectura del mundo y  más compleja que  mi lectura de libros. Recuerdos.

Quizás si entre la cantidad de  preguntas y respuestas de nuestros diálogos  a destiempo hubiese sido una buena aprendiz, aquella tarde que dibujaba las sombras,   hubiera  avanzado más lento con las palabras,  en las que siempre poníamos a discusión la política, la historia, la literatura costumbrista, el país, los cuestionamientos  sobre  una vida plena, y lo que  implicaba  ser feliz. Tu… invitando siempre a no perder los horizontes por más brillos que puedan verse y a no restar los momentos que  se pueda vivir.

Fue la última rosa que recibí el fin de semana,  me tenías ya  acostumbrada, siempre en espera  de mis manos. Hoy solo quedan unos pétalos en medio de mis libros;  tu gran sonrisa y abrazo en medio de cálidos recuerdos. Creo que  tú ya lo sabías, por eso decidiste ese día emprender  un corto camino entre el jardín y como siempre volver a decir: realiza siempre  aquello que te llene y haga feliz.

Me regalaste  aquella tarde tu palabra dulce  en medio del café, recordando los años de infancia de los míos… nos la pasamos viendo pasar la vida de sonrisas que  siempre  te agradaba expresar.

Se pliegan ahora las hojas de  ese ayer, se quedan conmigo tus memorias y los relatos de lo que un día fue. Tengo claro que nuevamente ese invierno  será un tramo a  venir.

 Se queda en mi todo tu amor, la idea de fortaleza que siempre supiste indicar, el gusto por las letras del cual siempre solíamos platicar y el mayor tesoro que nos pudiste heredar: el amor fraternal, los lazos de unión, el  hacer frente con fuerza a adversidad y saber con valentía enfrentar el error.

… Abuelo… este día  emprendí un regreso y viendo la vida pasar, me encuentro  añorado leer  los mundos que fantaseaban tus ojos  de ayer. Mi viejo de antaño…  ya no estás… pero desde el espacio que ahora ocupas sigues teniendo un gran lugar en este corazón.

Al final se que terminaré como tú, durmiéndome con la luna y despertando con  un nuevo sol.

En memoria de LAVM.

MINOSKAV

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