Y  es un nuevo inicio le decían, cuando ansiaba continuamente despegar  sus zapatos del papel que en tiempos atrás había representado.

Los hostales de esas ciudades visitadas, los rostros, las cosas, los hechos, el semáforo en rojo y esa insoportable tranquilidad, habían generado marcas. En su legado de recuerdos ya habían tomado un sitial profuso del cual ella intentaba rescatar tan solo una remembranza clara que le permitiera encontrar aquella clave  para resolver ese crucigrama  que  había leído, inquisitivamente buscaba en su academia de saberes como en cualquiera de las novelas  contemporáneas  en las cuales sus ojos se habían posado. Y nada.

La antigüedad daba para más… más palabras… más relatos… más naufragios en esa  imaginación – razón. La puerta de madera empinada ya no daba ese antiguo aroma de añoranza, pero si estaba anciana y hablaba de todos esos días.

El patio seguido del pasillo medio oscuro y habitado por seres extraños de visita y de paso. El olor eterno a humedad aún no se había despojado y las miradas llegaban cada vez más claro.

Los escalones y el cuarto, los colores vivos y el piso lizo… en el que muchas veces con las calcetas se deslizaban   los sueños y se desprendían las carcajadas de un porvenir que se soñaba, y no estaría lejano.

Cuarto de colores crema y chocolate, silencioso, con  impresión de velitas de incienso, entre cuyo humo llegaba Hermes  de vez en cuando a convocar toda letra: sin embargo ahora esas imágenes se difuminaban en la cabeza, en un  sitial  desteñido y un poco ebrio de soledad,  sin espacio para crear.

¡¡Cómo olvidar¡¡  la enunciación parece abandonada  por  todos sus inquilinos: adjetivos, verbos, sustantivos, metáforas o símil? el  hastío y la quietud, un tapiz de acertijos.

En el fondo tras la ventana el árbol frondoso de ciprés, la montaña, los caminos, la cascada que con su caída hablaba. Sin darte cuenta mucho quedó atrás ,por perseguir tan poco.

La tranquilidad se sentía, ya no podías describirla, esa era la más vaga forma  de idea que podía albergar tu portal de  recuerdos.  ¿Será la antigüedad? ¿Será que la cambio el tiempo? O  sin saber la antigüedad del tiempo pasó sin que te percataras de los cambios.

Aunque un poco tarde  la vida te hablo con muchas formas, en todos los tonos,  con varios idiomas, con todos los lenguajes;  no tanto para que la describas, sino para que convocaras   muchos  eventos para sorprenderte: las cosas más absurdas,  las vagas promesas,   las rosas amarillas,  y la inflexión del siempre, que ya no te es  muy popular.

Pero ahora  regresas a esa  ciudad interior, encontraste muchas rosas en botón, rosas que van a florecer entre las lluvias y los vientos fríos. Mientras las hojas se despliegan el rojo intenso del sol se copia en sus fisuras y te grita: Encuentra esa palabra. 

MINOSKAV

 

CIUDAD INTERIOR

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